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Venezia stravagantissima 

Bayreuth 09/09/25. Markgräfliches Opernhaus Bayreuth. Cavalli: Pompeo Magno. M. E. Cencic (Pompeo Magno), M. Flores (Isicratea), N. Balducci (Sesto), V. Contaldo (Mitridate), A. Mühlbacher (Amore/Farnace), S. Junker (Giulia), V. Sabadus (Servilio), V. Sicard (Cesare), N. Scott (Claudio), J. Navarro Colorado (Crasso), M. Beekman (Atrea), D. Visse (Delfo), K. Szelążek (Arpalia), P. Lenoir (Primo Prencipe), A. Kidoniefs (Secondo Prencipe), Y. Filias (Terzo Prencipe) y C. Christodoulou (Quarto Prencipe). Dir. Esc.: M. E. Cencic. Cappella Mediterranea. Dir. Mus.& Clave.: L. García-Alarcón.

Fastuosidad escénica, imaginación dramática y una orquesta en estado de gracia, más un reparto sin fisuras y una dirección musical refinada y espontánea, hicieron de la exhumación de Pompeo Magno (Venecia, 1666), de Francesco Cavalli, una fiesta teatral, musical y vocal, propia del mejor espectáculo veneciano de la Italia barroca.

Venezia stravagantissima, es título de una grabación mítica de Skip Sempé con el conjunto instrumental Capricho Stravagante Renaissence Orchestra, con un repertorio incluido de músicas venecianas de balli, canzone e madrigali de la época 1550-1630. Un disco que fue un hito, y se mantiene así hoy en día, grabado en 2001, como una referencia fresca y vivida de la música renacentista y barroca de una Venecia exuberante en lo artístico y por supuesto en lo musical. Cita el propio Sempé, en el texto interesantísimo del programa interno, en su reedición en 2016 por el sello Outhere, estas palabras: “Hoy, una cosa está clara: solo aquellos que saben lo que se ha perdido pueden intentar recuperarlo”.

Esta frase podría definir perfectamente el grandioso trabajo de recuperación musicológica e histórica que esta llevando a cabo hace años, el maestro argentino Leonardo García-Alarcón junto a su conjunto instrumental Cappella Mediterranea, con la figura del compositor italiano Francesco Cavalli (Crema, 1602, Venecia, 1676).

Cavalli, alumno aventajado de Monteverdi, quien fue cantante, organista y maestro de capilla de la Basílica de San Marcos, el puesto de músico más reputado de la ciudad entonces, es un compositor que se considera el más importante del S.XVII italiano, junto a su maestro Claudio.

La recuperación de su música, y sobretodo de sus composiciones vocales y operísticas, compuso alrededor de unas cuarenta óperas de las que se conservan unas 27, ha estado sobretodo promovida, representada, grabada y estudiada por Leonardo García-Alarcón, quien ha hecho de este compositor, su caballo de batalla ganador. Al propio Alarcón le gusta decir: “El s. XX fue el testigo de la recuperación y descubrimiento de Claudio Monteverdi y su música. El XXI será el del renacimiento de la música de Cavalli”.

Con este compositor de cabecera, y en mente poder dirigir y escenificar todas sus óperas, el maestro argentino ya ha dirigido las producciones de Elena en Aix-en-Provence (2013), Eliogabalo en la Ópera de París (2016), Erismena en Aix-en-Provence (2017) e Il Giasone en el Gran Teatro de Génova (2017). 

Con esta producción de una de sus óperas de madurez, Pompeo Magno, estrenada en el Teatro San Salvatore de Venecia en 1666, y nunca más puesta en escena desde entonces, Alarcón firma su quinta producción en este camino de reivindicación de un compositor crucial en el desarrollo de la historia de la ópera.

Pompeo_Magno_Bayreuth25_c_Clemens_Manser_5.jpg© Clemens Manser

Max Emanuel Cencic, director artístico del Bayreuth Baroque Festival, ha sido el artífice de traer, por recomendación de Alarcón, esta exhumación a la VI ed. de uno de los festivales de ópera barroca más hermosos del mundo.

El propio Cencic, en su doble faceta como protagonista de esta ópera y director de escena ha firmado uno de sus mejores trabajos en esta nueva producción llena de fantasía, referencias teatrales históricas y un equipo de solistas especialistas que han hecho justicia a una partitura sorprendente.

Hay que destacar sobretodo y como buque insignia de la representación, el magnífico trabajo de Cappella Mediterranea recreando la música de Cavalli con un estilo, un ritmo y una riqueza de sonido verdaderamente sobresaliente. 

Todos y cada uno de la veintena de músicos instrumentistas que conforman el conjunto interpretaron las tres horas de música de manera efervescente, colorista, con un nervio teatral que se fusionó con el canto y los recitativos conformando un tutti musical frugal y espontáneo. La calidad del sonido, equilibrada, frondosa y llevada por García-Alarcón con una generosidad expresiva irresistible, contagio al público quien se dejó seducir por el universo musical del Cavalli maduro y maestro de su arte. Casi se pudo sentir la brisa de los canales venecianos en los rostros absortos de los espectadores que llenaron el Teatro barroco de la Margravina en Bayreuth.

García-Alarcón demostró el conocimiento profundo de esta música de una vitalidad escénica contagiosa, con un uso de los instrumentos de viento con eso color y aroma tan característicos venecianos, flauta, cornetto, trombón, los matices mórbidos del archilaúd o la tiorba, el sobresaliente color del bajo continuo…

Hay un interesante uso de la mezcla de los recitativos, un canto donde la melodía de las arias, todavía de una duración más bien corta, forman una especie de híbrido donde la dicción y articulación del texto se torna importantísimo, acompañado por una orquestación donde los instrumentos se tornan en protagonistas de la misma importancia. En definitiva, un festín sonoro que envolvió el espectáculo en un circo de los sentidos ideal para la fantasiosa puesta en escena.

Pompeo_Magno_Bayreuth25_c_Clemens_Manser_3.jpg© Clemens Manser

Cencic acertó en llevar la enrevesada historia romana, basada en un cruce de amores no correspondidos, la fidelidad de la esposa de Mitridate, Isicratea, la pareja de enamorados, el gobernante sabio y ecuánime al final, Pompeo, los personajes secundarios como representantes políticos en una trama donde la ambición y el poder también acechan por doquier. Todo ello lo vistió Cencic con un imaginativo uso de los personajes de la Comedia dell’arte, que se presentaron como arquetipos de los protasgonistas, dándoles un sentido y una lógica teatrales muy adecuadas.

Tanto la escenografía de Helmut Stürmer, como el vestuario de una Venecia carnavalesca y barroca de Corina Gramosteanu, asumieron a la perfección una regie, enriquecida con varios personajes secundarios añadidos por Cencic. Impagable troupe de enanos, tan velazquianos y tan propios de una trama donde lo buffo y lo dramático se alternan con una facilidad y espontaneidad pasmosa, propia de una historia donde la metáfora del libreto se fusiona con una dramaturgia vital, contagiosa y eléctrica que hipnotiza y roba constantemente la mirada del espectador.

Seria injusto no alabar a todo el reparto vocal de la ópera, pues todos cumplieron con rigor estilístico, musicalidad y una teatralidad a raudales, en una producción que nunca pierde su vitalidad y que es muy exigente a nivel escénico.

Pompeo_Magno_Bayreuth25_c_Clemens_Manser_1.jpg© Clemens Manser

Pero por la importancia y carisma de muchos de los componentes del cast han de mencionarse la elegancia del fraseo y acting de Max Emanuel Cencic como irreconocible maduro Pompeo Magno, la seguridad y dominio de los colores musicales de la Isicratea de la soprano Mariana Flores, la expresividad sensual del Servilio de Valer Sabadus en perfecta química con el atractivo color de la soprano Sophie Junker. El variado y acertado contraste de timbres entre los contratenores Nicoló Balducci (Sesto), Alois Mühlbacher (Amore/Farnace), con la comicidad hilarante de dos personajes de carácter como son el siempre icónico Marcel Beekman (Atrea), al lado del histórico Dominique Visse como Delfo, junto al turco Kacper Szelążek como estrambótica y robaescenas Arpalia. También destacó la dulzura del timbre y el fraseo del tenor Valerio Contaldo como Mitridate. Perfectos secundarios el Cesare de Victor Sicard, Claudio de Nicholas Scott, y el español Jorge Navarro Colorado como Crasso.

Una delicia para los sentidos que transformó una velada de cuatro horas en una experiencia teatral y musical donde la catarsis estalló en un público que aplaudió a rabiar, arrancando un último bis coral, el del final de la ópera.