Lise_Davidsen_portada_enero26_.jpg© Pål M. Laukli 

Lise Davidsen: "Es necesario llevar los zapatos adecuados para cada momento y cada rol" 

Pocas reapariciones han sido más esperadas y han creado tanta expectación en la historia de la ópera reciente como la de Lise Davidsen. La cantante noruega, legítima heredera de esa gran estirpe de sopranos como Kirsten Flagstad o Birgit Nilsson vuelve al ruedo tras su maternidad y lo hace con uno de los papeles que apuntan a convertirse en más significativos de su extraordinaria carrera, Isolde. En plenos ensayos de su primer Tristan und Isolde en el Gran Teatre del Liceu nos ha recibido en su camerino, donde hemos mantenido esta conversación.

Le hemos echado mucho de menos ¿Cómo lleva su nueva vida?

Pues muchas gracias. La llevo muy bien. Siempre te advierten de que, tras la maternidad, tu vida cambia por completo, que tus prioridades pasan a ser otras y debo confirmar que, efectivamente, es así. Me siento muy feliz, ha sido un período precioso, pero también tenía ganas ya de volver a cantar. Hemos venido a Barcelona con los niños y una persona que nos ayuda con toda la logística. Esa es una de las cosas que me estoy dando cuenta de que lo altera más todo, la organización y la logística requieren mucho más tiempo y ayuda. Son muchos cambios, pero benditos cambios.

Pese a todos esos cambios y la intensidad emocional que conllevan ¿En algún momento ha echado en falta cantar, el escenario, volver al trabajo?

Si le soy sincera, durante los primeros seis meses no tuve tiempo de echar de menos nada, ni mi profesión ni la vida de cantante. Pero a partir de un determinado momento te tienes que empezar a hacer a la idea. Por un lado, volver siempre da un poco de miedo, pero por otro una se siente muy agradecida de volver para hacer aquello que más le gusta.

Además, el reto es mayúsculo porque vuelve a los escenarios con el que será su primer Tristan und Isolde en escena. Antes de que me hable del personaje en sí, tengo una curiosidad. Usted es consciente de que todo el planeta ópera lleva esperando este momento desde hace años. El primer Tristan de la que promete ser la gran Isolda de los próximos años. ¿Ha sentido esa presión? ¿Le ha condicionado a la hora de decidirse o son cosas que no le afectan y sigue su propia agenda?

La verdad es que es un tipo de presión al que estoy acostumbrada desde los inicios de mi carrera. Soy consciente de que mucha gente esperaba este momento y es un papel que me habían pedido muchos teatros. Pero siempre tuve muy claro que quería esperar unos años, interpretar antes ciertos papeles y sentir que, finalmente, estaba preparada para enfrentarme a Isolda. En ese sentido, para mí siempre ha sido fácil decir que no. Antes de cantar un papel uno nunca sabe si realmente era o no el momento oportuno, pero cuando Víctor García de Gomar me ofreció este proyecto en el Liceu me pareció que encajaba perfectamente, que llegaba en el momento oportuno. Lo discutimos con mi agente, estuvimos de acuerdo en que así era y, a partir de aquel momento, la decisión estaba clara.

Al empezar a trabajar este nuevo y exigente papel justo tras su maternidad, ¿ha percibido algún cambio desde un punto de vista vocal?

Pues la verdad es que no, me siento muy afortunada en ese sentido. Evidentemente, tras un parón tan largo todo debe volver a ponerse en su sitio poco a poco, pero vocalmente tengo las mismas sensaciones. Te diría que quizás el cambio principal que he notado es mental, como ser humano. Ahora mi corazón está centrado principalmente en un lugar distinto, no solo en el escenario como era antes. Ahora está en casa con mis niños, que son mi prioridad absoluta. Para alguien como yo que se ha pasado la mayoría de su vida centrada en el canto y sobre un escenario, con el único sueño de desarrollar mi carrera… Como puede entender, supone un cambio importantísimo y le debo confesar que, en cierto modo, es una sensación que aún se me hace un poco rara. Ahora volver a subir a un escenario como el del Liceu me da un poco de miedo.

¿Entonces ha cambiado la perspectiva con la que afronta la carrera?

Si, en el sentido de que ha cambiado la razón última por la que hago las cosas, por la que me dedico a lo que me dedico. Tengo que encontrar los motivos para seguir haciéndolo y, en ese sentido, el principal es el compromiso. Mi compromiso con Víctor García y con el Gran Teatre del Liceu y su público, también con mis colegas y los fans en general.

Pues como fan, y creo hablar en nombre de muchos otros, le estamos muy agradecidos por ese compromiso y también excitados y expectantes ante este gran debut.

Eso significa mucho para mí. A eso me refería exactamente. Siempre ha sido importante ese compromiso, pero creo que ahora aún más porque es lo que me anima a seguir.

Cuando finalice esta entrevista irá a la sala de ensayos para trabajar el segundo acto de Tristan und Isolde, probablemente el más gran dúo de amor de la literatura operística y de una enorme dificultad técnica. Ese acto precisamente es el único que ha interpretado en público.

Sí, lo canté en Múnich en versión de concierto dirigida por Simon Rattle junto a Stuart Skelton. Fue fantástico poder hacer esa primera tentativa en un entorno tan adecuado y con esos maravillosos compañeros. Ahora bien, no tiene nada que ver aquello con cantar la ópera completa en escena. No es lo mismo cantar solo ese dúo que comenta que hacerlo tras haber interpretado el primer acto con toda esa larga narración de Isolde. Por otro lado, cada producción es distinta y cada Isolda es distinta. Para entendernos, en Múnich esa Isolde era yo, pero en el Liceu es un trabajo conjunto con la directora de escena, Bárbara Lluch.

Supongo que ya conocía bastante bien esta ópera, pero ahora que la ha tenido que estudiar a fondo ¿hay algo que le haya sorprendido especialmente?

Sí, la conocía bastante, pero no toda. A nivel musical o vocal le diría que no, pero a nivel dramático… Un aspecto que estamos trabajando con Bárbara Lluch y que me parece interesante es la gran y auténtica juventud del personaje ¡Estamos hablando de una niña! Eso me ha sorprendido porque nunca había pensado en esos términos, pero explica algunos comportamientos. Ese punto obstinado, de chiquilla un tanto pesada que muestra al inicio del segundo acto, con la pobre Brangania intentando aplacarla. De nuevo, en Múnich todo era muy serio y aquí, en cambio, estamos intentado reflejar que estos dos jóvenes enamorados en cierto modo ¡van colocados! Han tomado ese filtro que altera todas sus acciones y sentimientos. Me gusta esa idea porque me aporta nuevas vías para desarrollar el personaje.

Percibo que le gusta esta nueva producción y que está disfrutando en los ensayos.

Sí, me gusta mucho. Ojalá al público también le guste. Creo que es original. No en el sentido de que sea muy complicada. Al contrario, es un tipo de producción que nos deja mucha libertad a los intérpretes para exponer nuestra visión del personaje. El propio decorado tiende a ser bastante esencial. Está el barco y todo lo demás, pero el resto es bastante austero. También hay un juego de perspectivas que creo que puede ser interesante. El primer acto se podría decir que se desarrolla en la cabeza de Isolde, mientras que el tercero lo hace desde la perspectiva de Tristan. Eso hace que nunca podemos llegar a estar seguros de qué es real y qué es imaginado. Además, el vestuario es precioso y trabajar con Bárbara es fantástico.

Uno de los aspectos no muy habituales de esta producción es que está dirigida íntegramente por mujeres, tanto en lo escénico como en lo musical con Susanna Mälkki en el foso. ¿Cree que ese liderazgo femenino puede aportar una perspectiva especial a estas funciones?

En ese sentido la verdad es que no lo creo. Lo que sí es cierto es que las mujeres tenemos que trabajar el doble que los hombres para lograr llegar a esas posiciones y superar esos obstáculos; eso sí que comporta una lucha personal que se puede percibir en el modo de hacer música. No se trata de una cuestión de género, al menos desde mi punto de vista.

Centrándonos en la vertiente estrictamente vocal del personaje, ¿cuál es el aspecto más complicado? ¿Esas frases largas y sostenidas del gran dúo del segundo acto? ¿La gran narración del primero…?

Creo precisamente que es la mezcla de todo eso que dice. La Isolda del primer y el segundo acto parecen personas distintas. En cierto modo requieren dos voces distintas, pero eso es algo lógico si se tiene en cuenta el desarrollo dramático del personaje. Lleva su tiempo entender y crear lo que yo llamo el mapa vocal de Isolda para poder dominarlo desde un punto de vista técnico. Saber donde te puedes permitir descansar un poco, aunque en este sentido y pese a su gran dificultad, es un papel que está muy bien escrito. No es que el segundo acto sea más difícil, más dramático o pesado vocalmente que el primero o viceversa, simplemente son distintos y requieren recursos técnicos distintos. En eso reside también buena parte de su dificultad. Otro factor que es importante y hay que tener en cuenta es el tipo de orquestación, mucho más densa en el primero y más transparente en el segundo.

Luego está el tema de la resistencia porque, tras todo eso, debe llegar al final del tercer acto y concluirlo con ese famoso pianissimo. Supongo que es importante graduar lo esfuerzos. ¿A eso se refería con lo del mapa vocal?

Sí, me refería a eso. En la partitura con la que trabajo, la mayoría de mis anotaciones son del tipo “control en este pasaje”, “no dejarse llevar” o “¡Cuidado, aún queda mucha ópera!” Pero sabes una cosa, al final ese mapa está también para romperlo. Hay momentos en los que sí, uno debe dejarse llevar. O al menos encontrar ese difícil equilibrio entre una cosa y la otra.

Usted posee una de las voces más bellas que he podido escuchar en un teatro de ópera y, sin duda, una de las más voluminosas. ¿Hasta qué punto le ha sido complicado controlar un instrumento tan rico, pero de esa amplitud?

Mi voz no siempre ha sido como es ahora, ha evolucionado. Empecé a cantar como mezzosoprano, pero no era una voz tan grande como en la actualidad. Fue evolucionando progresivamente y cuando empecé a estudiar en Copenhague con Susanna Ekken di el salto definitivo a la tesitura de soprano. Cuando llegué a ella ya poseía todas las notas del registro de soprano, pero de un modo más infantil. El trabajo fue conectar todas esas piezas o sea que, en cierto modo, tuve que construir mi voz. Tuve que ir encontrando poco a poco mi auténtico instrumento y lo más importante, el control de este. 

Tras Isolde le espera un nuevo gran reto wagneriano. A veces me pregunto si, tras su esposo y sus hijos, Wagner es el hombre más importante de su vida.

¡Sí, jajaja! ¡Desde luego ahora lo es!

Evidentemente me refería a Brünhilde, papel que ya ha anunciado que debutará próximamente en Nueva York. ¿Ha sido intencionada esta cadencia de debuts? ¿Ahora Isolde y en un par de años Brünhilde? ¿O son casualidades del calendario?

Es un poco de todo. Lo que sí ha influido, en el caso de Brünhilde, ha sido decidir si por ahora solo iba a hacer una, la de Die Walküre, o si quería encadenar las tres progresivamente. Finalmente optamos por incorporar los tres títulos (primero Die Walküre, el año siguiente Siegfried y, finalmente, Der Götterdämmerung) una temporada tras otra para tener así un cierto margen de asimilación de cada personaje. En ese contexto, una vez tomada la decisión de centrarme en este proyecto durante los próximos años, era preferible debutar antes Isolda y no que ese debut se produjese entre medio. Digamos que es necesario llevar los zapatos adecuados para cada momento y cada rol. 

Así que los próximos años se va a sumergir en el universo del Ring

No sé aún si estoy más excitada o asustada por la idea. Creo que ahora más lo segundo, pero poco a poco irá ganando terreno lo primero.

¿Es consciente de que a partir de ahora todos los teatros la tentarán casi exclusivamente para cantar esos dos papeles?

Sí, pero deberán tener un poco de paciencia porque no quiero ir con prisas.

¿Eso tiene que ver con su voluntad de mantener e introducir papeles de la ópera italiana en su repertorio? No cabe duda de que es un repertorio que le gusta, pero ¿tiene también la cualidad de permitirle respirar y que la voz se mantenga flexible?

Mucha gente opina eso y estoy de acuerdo, pero no es tanto cantar Verdi u ópera italiana sino sobre todo tener la oportunidad de cantar cosas distintas lo que mantiene la flexibilidad de la voz. Por ejemplo, un papel como el de Ariadne auf Naxos tiene una orquestación muy ligera, más de lo que pueda parecer en principio. Cantar lieder de Schubert también ayuda a mantener esa flexibilidad. La variedad, el cambio es la clave, no el tipo de repertorio. Lo mejor sería: ahora un poco de Wagner, ahora un poco de Verdi intercalado con recitales de Lied o la Tosca de Puccini. Esa dinámica es la que me permite mantenerme dentro de esos zapatos de los que antes hablábamos. No se trata solo de flexibilidad vocal, también de mantener la flexibilidad mental. Y lo más importante es que así es mucho más divertido.

¿A esa flexibilidad y mental de la que habla responde la decisión de debutar también en el Met un papel verdiano tan singular como Lady Macbeth? Vocalmente tiene unas características bastante distintas a todos los que ha interpretado hasta el momento.

Es cierto. He cantado las arias de Macbeth en diversos recitales y me siento muy atraída por esa locura que emana el personaje. Evidentemente cantarlo entero y en escena será completamente distinto, pero seguramente sea todavía más divertido.

Ha hablado varias veces del Lied. A menudo, voces como la suya no se asocian a él ¿Es un género que le gusta especialmente y un registro que desea mantener?

Sin duda. Me encanta cantar Lied y me gustaría seguir haciéndolo durante mucho tiempo. Habrá que ver en qué punto está mi voz dentro de seis o siete años, pero ojalá. Mientras pueda, lo haré. Hay una música tan increíblemente maravillosa en ese género. Por otro lado, te permite una comunicación distinta y única con el público. Tenerlos tan cerca, casi en una habitación, hace que puedas conocerlos mejor y conocerte mejor a ti mismo. El recital tiene esa especie de fragilidad que te obliga a abrirte aún más como intérprete. Precisamente uno de los próximos proyectos importantes del próximo año es una gira de recitales dedicados a Franz Schubert junto a James Baillieu.

Uno ellos será el mes de mayo en el Auditori de Girona. Cerca de ahí, en la Schubertíada de Vilabertran, le recuerdo un recital memorable hará unos siete años.

¡Ah, la Schubertíada! Me encantó cantar ahí. Un sitio maravilloso. Era a finales de agosto y hacía un calor realmente asfixiante en esa iglesia. Recuerdo al pobre James, el pianista que me acompaña siempre, completamente empapado al final. Pero le diré una cosa, creo que aquel ha sido uno de los mejores recitales que he dado en mi vida.

Pues ahora han puesto aire acondicionado ¡Vuelva cuando quiera! Fue el verano de 2018, un momento de despegue definitivo de su carrera. Tres años antes, en 2015, ganó todos los premios habidos y por haber los concursos de ópera más importantes del mundo. Han pasado diez años. ¿Mirando atrás, que balance hace de este increíble período?

Increíble. Ni en mis mejores sueños hubiese pensado que estaría en la posición en la que me encuentro actualmente. ¡Cómo podía aquella niña que cantaba villancicos en Stokke soñar con estar cantando hoy Isolde en un teatro como el Liceu! Es tan especial que, tan solo con pensarlo me dan ganas de llorar.

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