La necesidad de un sindicato lírico
Por Luis Cansino
En marzo de 2020, nuestro gremio sufría las consecuencias de décadas de inacción, dejadez y falta de reconocimiento a la Cultura. La pandemia de la COVID 19 y el consecuente Estado de Alarma que supuso el cierre de toda actividad cultural constató, en primer lugar, que la inmensa mayoría de los artistas no podían subsistir económicamente más de dos meses en esas circunstancias y, en segundo lugar, que no existía una organización profesional que defendiese los intereses de la Lírica en nuestro país.
Nuestra profesión si se ha distinguido siempre por algo es por el exceso de individualismo, además de un sentimiento de desconfianza y lucha constante por y contra todo y todos, algo que tampoco ha ayudado a que el colectivo sea fuerte y sólido, razones estas, quizás, por la que en ocasiones anteriores no se llegó a buen puerto en el intento de configurar una organización en defensa de nuestro colectivo.
Ya desde nuestra formación académica, nuestra carrera es muy competitiva, pero cuando llega la tormenta, llega para todos. Esta fue la razón por la que en aquellos días de marzo de 2020, decidí decir NO a la resignación, y junto a otros compañeros, dar un paso al frente y formar un sindicato, de manera altruista y sin intereses personales. Nacía ALE, el Sindicato de Artistas Líricos de España.
"Yo también soy lírica", fue el primer slogan que ALE lanzó en nuestras redes sociales y no podía haberse elegido mejor. Esa frase intentaba unirnos a todos; todos cabíamos y seguimos cabiendo en ALE.
No fueron inicios fáciles. Las circunstancias eran adversas, la situación caótica y pudieron cometerse errores porque nadie nace sabiendo y quienes cogimos el timón tuvimos que aprender a marchas forzadas a ser sindicalistas. Hubo también momentos duros donde se nos intentó hacer mucho daño y aunque pudimos arrojar la toalla pero decidimos seguir adelante para seguir luchando por el bien común de toda la profesión.
Casi cinco años después me siento a escribir este artículo que nace con un espíritu de hermanamiento y con la intención de compartir algunas reflexiones que permitan llegar a los corazones y las conciencias de todos los artistas líricos de nuestro país sobre la importancia de que exista un sindicato lírico y la necesidad de que ALE siga trabajando por y para todos: de los que nacieron y siguen aquí; de aquellos que se han visto obligados a salir de nuestro país para labrarse su propio futuro; de los que llegaron de otros lugares y hoy son uno más entre nosotros; de los que comienzan apenas una carrera llena de ilusiones y de quienes luchan por defender su derecho de seguir sobre los escenarios; de los que siguen en ALE y los que se fueron o aún no se han decidido a unirse.
Con orgullo puedo decir que en este tiempo, los avances en el sector de la cultura y nuestra lucha diaria han permitido tener una interlocución directa con las instituciones y administraciones, lo que nos ha hecho más fuertes, y sobre todo, nos ha dado la posibilidad de ser escuchados y poder alzar la voz en la toma de decisiones de normativas que afectan a nuestro trabajo, algo impensable en otras épocas. ALE hoy es miembro del Consejo Estatal de las Artes Escénicas y de la Música y puedo decir con total satisfacción que, finalmente, la Lírica está representada dentro del sector cultural.
Eso es ALE: el necesario eslabón de comunicación con quienes pueden cambiar las cosas; el vehículo en el que volcar todas las necesidades de un sector precario, aunque el mundo del espectáculo sugiera lo contrario.
Ser miembro de ALE es apoyar el futuro de nuestra profesión, independientemente de si necesitamos o no de manera individual al sindicato, comprendiendo la importancia de la unión como única arma para conseguir algo tan legítimo y que nadie puede impedirnos como es la mejora en nuestras condiciones laborales.
Nunca he creído en el sindicalismo de barricada, sino en el diálogo sano desde la discrepancia. Teatros, Compañías Privadas, Programadores, Agentes y Artistas nos necesitamos y ALE siempre tenderá su mano para crear acuerdos, desde el entendimiento mutuo y el avance social, sin que ello signifique renunciar a nuestras justas reclamaciones.
Nos encontramos en un ciclo político propicio que hace más cercano y posible este entendimiento gracias a los trabajos desarrollados en el ámbito del Estatuto del Artista, y este momento, compañeros y compañeras, hay que aprovecharlo.
Es desde el citado Estatuto del Artista donde ALE trabaja incansablemente para remitir propuestas y cambios normativos que facilitarán y ayudarán a tener unas condiciones laborales más dignas, compaginándolo con un apoyo a las pequeñas compañías privadas en temas como la subida de los topes de contratación pública y la bajada de los costes de contratación, conscientes de que son estas compañías las que hacen posible que la lírica llegue a todos los puntos del país y sea accesible para todos los ciudadanos.
La labor que desarrollamos los trabajadores de la Cultura no puede olvidarse ni es asunto menor. Somos un servicio que, más allá del mero entretenimiento, alimenta almas, crea conciencia social y aporta controversias, pensamiento crítico y evolución. La Cultura de un país debe ser una cuestión de Estado.
ALE existe para preservar estos valores y para que como sociedad ni a los artistas ni a los políticos se nos olvide la importancia de lo que hacemos y para quienes lo hacemos. Seguimos trabajando por: audiciones públicas y abiertas en todos los circuitos, oportunidades laborales para los jóvenes talentos, lucha contra el edadismo que afecta a muchos compañeros, exigencia por potenciar más la presencia de artistas nacionales en nuestros circuitos, protocolos de coordinación de intimidad y anti-acoso que garanticen la seguridad en nuestro trabajo, en definitiva, la defensa de las necesidades que tiene nuestro sector, que son muchas.
Hemos alcanzado ya algunas conquistas que años atrás parecían imposibles. ALE ha contribuido a sacar adelante una Ley de Enseñanzas Artísticas Superiores muy necesaria para nuestras nuevas generaciones y para aquellos que desarrollan a nuestros profesionales del mañana que, aun así creemos puede mejorarse. Hemos impulsado que la Cultura fuera declarada por el Senado "Bien de Interés Esencial" y a que la Zarzuela fuese, por fin, considerada para ser reconocida como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
ALE ha conseguido que, por primera vez en la historia de nuestro país, el SEPE ofreciera cursos de formación a artistas intermitentes de todas las ramas del gremio. Hemos contribuido contribuido a que hoy la percepción de una baja laboral siendo artista no sea una quimera, a que próximamente podamos disfrutar del reconocimiento de enfermedades profesionales intrínsecas a nuestra profesión que facilitarán el acceso a prestaciones más elevadas por incapacidad, a rebajas en el IRPF y prestaciones para periodos de inactividad más asequibles o a la compatibilidad de los derechos de propiedad intelectual con la jubilación.
Pero sabemos que queda mucho por hacer como conseguir que los gastos profesionales aumenten en sus partidas desgravables, erradicar el intrusismo laboral en circuitos profesionales; hacer que las condiciones de contratación sean ajustadas a la ley y, sobre todo, concienciar a nuestras instituciones que deben considerar a los artistas como trabajadores de la Cultura y no como proveedores y, por tanto, contratarnos de manera laboral y no como autónomos.
En nuestra interlocución con el INAEM, hemos trasladado recientemente un Informe exhaustivo de análisis de las temporadas líricas españolas, en el que se evidencia que es necesario cambiar el paradigma laboral en nuestro país para los artistas nacionales y, por tanto, un mayor apoyo a nuestro talento, sin perjuicio del espacio para otros profesionales foráneos. Un apoyo que incluya la defensa de nuestro patrimonio lírico y la nueva creación artística.
Aunque algunos me tilden de iluso, voy a permitirme soñar y, al hacerlo, luchar, por tres cosas: que por fin tengamos un Convenio Laboral de Artistas, que se implante una Red Secundaria de Teatros que multipliquen las oportunidades laborales en nuestra profesión y que se cree una Compañía Lírica Nacional. ¿Por qué si contamos con una Compañía Nacional de Danza, un Ballet Nacional, una Orquesta y Coro Nacionales, o una Compañía Nacional de Teatro Clásico, no podemos tener y aspirar a una Compañía Lírica Nacional de ópera y Zarzuela? Aprendamos de nuestros países vecinos, miremos a Europa e imprimamos modelos de cuerpos estables artísticos que ayuden a nuestra sociedad a acceder a la Cultura de calidad y a nuestros artistas a tener más oportunidades de trabajo.
Pero para todo ello necesitamos no sólo la implicación de las autoridades, sino también tu esfuerzo. Yo y los que ahora formamos la ejecutiva del sindicato no estaremos en algún momento pero ALE debe seguir existiendo para defender los valores de un gremio que representa la riqueza de un país, su Cultura y que un Estado de derecho, como el nuestro, garantice la dignidad del trabajo a sus profesionales.