Nelsons Boston Symphony 25 26

Transparencia 

En las últimas semanas dos entidades musicales de primer nivel internacional han visto sacudidos sus cimientos por decisiones drásticas tomadas en torno a su gestión. 

Por un lado, la Boston Symphony Orchestra decidió poner fin de manera abrupta al contrato de Andris Nelsons como director titular del conjunto. El maestro letón dejaría así el liderazgo de la formación en agosto de 2027. La decisión se comunicó de manera pública, sin consultar a los músicos y sin una notificación previa al propio Nelsons. Desde entonces numerosos músicos y abonados de la orquesta han pedido una rectificación, una aclaración al menos, ya que la directiva de la orquesta no ha clarificado aún los motivos concretos por los que se pone fin al liderazgo de Andris Nelsons.

Por otro lado el Festival de Salzburgo ha decidido prescindir de manera inmediata de los servicios de Markus Hinterhäuser como director artístico. El pianista ha liderado la histórica cita estival desde el año 2017 y había sido renovado en el cargo hasta 2031. Hace algunos meses, sin embargo, la junta directiva del festival notificó a Hinterhäuser que debía modificar su actitud en el trato con algunos empleados del festival, dadas algunas quejas recibidas al respecto. Así las cosas, la decisión final de prescindir de Hinterhäuser, en la antesala de la edición de este año, es un contratiempo evidente.

Ambos episodios manifiestan hasta qué punto la música clásica tiene un problema con la transparencia. ¿Tanto cuesta explicar por qué se toman estas decisiones? ¿No sería mejor dilucidar internamente estos cambios y trasladarlos a la opinión pública ya resueltos? Airear este tipo de polémicas no hace otra cosa que enrarecer el ambiente, suscitar rumores y generar suspicacias.