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Vibrando

Madrid. 20/03/2025. Teatro Monumental. Obras de  Schmidt y Mendelssohn. María Dueñas, violín. Orquesta sinfónica de RTVE. Christoph König, director. 

Inteligente programa el que presentaba la Orquesta Sinfónica de RTVE aunando el traer a María Dueñas como violín solista, que -como así ocurrió- asegura el lleno absoluto en la sala; con la interpretación de una sinfonía, que a pesar de ser su supuesta obra maestra, trae a la palestra una obra de un autor muy poco frecuentado: Franz Schmidt, y hacer descubrir, así, al público del Monumental, una composición interesante y muy poco habitual. Inteligente también el invertir el tradicional orden del programa y culminar con el ‘plato fuerte’ mediático del tándem Dueñas/concierto de Mendelssohn, y hacer esperar de esta forma la palpable expectación creada por la visita de la violinista.  
 
Y es que la granadina María Dueñas se ha convertido, por derecho propio, y con sólo 22 años, en absoluto referente violinístico de nuestro país. La carrera internacional de la violinista es incesante, y su fichaje por una de las discográficas más importantes del mundo ha hecho incrementar aún más su fama.  
 
Su absoluta limpieza técnica, su bellísimo y cristalino sonido, su carisma y musicalidad; junto con su imagen cuidadísima, hacen de ella el ‘producto’ perfecto. Pero el plus, su verdadera seña distintiva, es su innegable efusividad tocando, su incesante comunicatividad. Con un vibrato siempre constante y arrebatado, y unas formas un poco a lo ‘violinista antigua’ tocando, María Dueñas emana emotividad en cada nota. No hay ninguna, por pequeña que sea, que se deje en el tintero sin vibrar en los distintos significados que esta palabra conlleva, porque Dueñas consigue eso en cada oyente: hacerle vibrar, y eso es tan difícil…. 

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Y claro que hay otros estupendos violinistas, distintos, con otros estilos y virtudes, con otra forma de tocar, con otros colores y registros; pero la vehemencia de María Dueñas, su intensa y apasionada forma de interpretar, su citada efusividad y vibración, son absolutamente únicos. 
 
La manera de comenzar el Concierto de Mendelssohn fue un ejemplo perfecto de todo ello. Con arcadas separadas y amplias, con la famosísima frase esculpida con intensidad y en escalera y culminándola en un Sol lleno y timbrado, por lo que hizo explicar de forma explícita y bellísima como se debía conducir la frase. Además ribeteó el primer cambio de posición con un pequeño portamento que tuvo la delicadeza y maravilloso gusto de cambiar de sitio y forma en la segunda repetición del tema, por lo que el discurso siempre es nuevo, fresco, con la sensación de que solo puede ocurrir en ese preciso instante, sin rutinas. Admirable, también en este sentido, la forma tan caleidoscópica de abordar la cadencia, coloreando de forma absolutamente distinta cada arpegio en tempo y en color armónico. Tras un intenso y directo segundo movimiento y un transparente y alado tercero, Dueñas acabó recibiendo una rendida y calurosísima respuesta por parte del público, que no paró de ovacionarla. Lógico, era la reacción a lo que ella había sembrado, ni más ni menos, y la sala vibró con su misma intensidad.

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La Orquesta Sinfónica de RTVE dirigidos por Christoph König esta vez no estuvieron tan ‘finos’ como otras veces; acompañando a Dueñas de forma un punto gruesa de más un concierto, es verdad, especialmente difícil en su transparencia; y tampoco tuvieron la ‘cintura’ rítmica y de energía directa en los tutti que la violinista en esta ocasión requería.  
 
La orquesta y su titular ofrecieron una imagen feliz y distinta con la Sinfonía n.4 de Schmidt ofrecida en la primera parte, donde tras un buen solo de trompeta que inicia la obra, König y la cuerda se lucieron en una entrada transparente y lejana que inició con un muy propicio color el magnífico crescendo creado a posterioridad y culminado estupendamente en fortísimo. Estupendo el solo de corno posterior.  
 
Es una obra compuesta por el autor a modo de réquiem por la muerte de su hija al dar a luz, y ese aire luctuoso aparece frecuentemente a lo largo de la obra y fue atinadamente sacado por König y orquesta, como ocurrió en los pesantes ritmos creados por chelos y timbal en el primer movimiento, y en la especie de marcha fúnebre que aparece en eladagio, teniendo en cuenta que es una sinfonía que enlaza sin solución de continuidad los cuatro movimientos.  
 
Hubo alguna caída de tensión y de comunicatividad en algunos momentos, pero al final prevaleció la buena sensación creada y el estupendo trabajo conseguido, y como ejemplo de ello citar el espinoso fugato del tercer movimiento, lleno de dificultad técnica, y que König y orquesta resolvieron magníficamente.  
 
La obra acaba con el mismo sólo de trompeta con el que empezaba el primer movimiento dejando, como apuntó König en sus palabras, un cierto halo de esperanza. En cualquier caso, la realidad vino de parte de María Dueñas, que corroboró su status de estrella, la realidad, y la vibración.
 
Fotos: © Iraia Sierra | Orquesta y Coro de RTVE