Sí o no, depende de cómo se mire
Bilbao. 21/03/2025. Bizkaia Arena. Giacomo Puccini: Tosca. Laura del Río (Tosca), Antonio Lliteres (Cavaradossi), Manuel Mas (Scarpia), Quintín Bueno (Spoletta) y David Cervera (Sciarrone). Dirección escénica: Emiliano Suárez. Piano y dirección musical: José Ramón Martín.
Pocos conceptos más antagónicos que “ópera” y “garaje”: dando vía libre al estereotipo, el primero nos lleva a un lugar de cultura, pulcro, elitista, con gente elegante, adinerada y entendida. El segundo, a trabajadores con mono, manchados de grasa, con ruidos de motores, golpes de chapa y facturas astrónomicas. ¿Qué tienen, entonces, en común? Aparentemente nada. Parecen dos mundos distintos, incluso irreconciliables. Por ello, con la aquiescencia de la dirección y, sobre todo, con la del lector, yo también me voy a desdoblar para poder afrontar esta reseña del último espectáculo de Ópera Garage ofrecido en el Bizkaia Arena, la infraestructura deportiva cubierta más grande de la provincia. Se trató de Tosca, en una producción estrenada en Burgos hace casi un año.
Modo purista off
Nos guste o no la ópera sigue siendo para muchos un arte inaprensible. Un servidor, que se mueve en el mundo de la educación, observa no sin cierto asombro cómo personas de cierto nivel cultural siguen percibiendo la ópera como algo inaccesible, para lo que se necesita una preparación especial. En otros ámbitos sociales la ópera es, sencillamente, desconocida cuando no ignorada. Por ello, iniciativas que tratan de “humanizar” la ópera han de ser bienvenidas. Y esto es lo que intenta Ópera Garaje buscando espacios alternativos donde la cercanía física entre espectador e intérprete es rotunda y donde se puede uno tomar ciertas libertades dramáticas con la intención de hacer –o tratar de hacer- más comprensible la historia que se ofrece.
Colocar la acción de esta ópera en la España franquista del 60 no deja de ser, hoy en día, casi un juego infantil y aunque es muy poco probable que una joven cantante de ese año enseñara semejante escote o pantorrilla por Vallecas u Orcasitas, por este lado no hay nada que objetar. Ni siquiera al hecho de que Floria termine también fusilada y no lanzándose al vacío desde el estudio de su Mario. Pequeñeces.
La idea escénica se desarrolla con cierta coherencia, los cantantes están a pocos metros de los espectadores, la vida teatral se vive en cercanía y tienen un nivel medio vocal más que aceptable y aunque el piano nunca podrá sustituir a la orquesta, la labor de José Ramón Martín solo puede ser digna de reconocimiento. Así pues, bienvenida sea la iniciativa y gracias por darnos la oportunidad de vivir la experiencia.
Modo purista on
Tosca viene a durar unos ciento diez minutos en las versiones discográficas al uso; el espectáculo ofrecido en Bilbao apenas llegaba a los noventa, de modo que veinte minutos del título desaparecen, siendo el acto más afectado el primero. Así, tras el breve preludio nos vamos directamente al Recondita armonía porque Angelotti no existe y el sacristán está terriblemente mutilado y nunca aparece en escena. Toda la escena de la cantoría infantil también es eliminada. En el acto III, tras el breve preludio pasamos directamente a E lucevan le stelle y de ahí, directamente, al dúo Oh, dolci mani, sin mención alguna a la muerte de Scarpia y al salvoconducto.
Los personajes eliminados son el citado Angelotti, el carcelero, el pastorcillo y casi todo el sacristán, con paradojas que quienes conocemos Tosca de arriba a abajo nos chocan y mucho: por ejemplo, cuando Scarpia llega a Sant’Andrea della Valle le pregunta a Sciarrone qué ha pasado en la iglesia/estudio cuando es obvio que el guardia acaba de llegar con él. O el hecho, mencionado en parte, de que Scarpia esté todo el tercer acto muerto delante de todos, cubierto con un plástico azul y Spoletta y Sciarrone no se den cuenta hasta el final y ahí decidan matar a tiro limpio también a Floria Tosca…
Con la ausencia de una orquesta el gran perjudicado es Scarpia. Esos metales anunciando su entrada en la iglesia o toda la intensidad musical que rodea su intrínseca maldad en la escena de la tortura quedan diluidos en el piano y bien que lo sentimos quienes pensamos que Tosca gira, fundamentalmente, en torno al personaje de Scarpia.
En conclusión
Vocalmente la función tuvo un nivel más que digno. Laura del Río, que tuvo que pelear con su vestido demasiadas veces, comenzó algo timorata pero supo dar empaque y volumen a su Floria en el acto II, con un Vissi d’arte más que solvente. Su franja aguda quizás no tiene demasiado peso pero su planteamiento general fue interesante. Antonio Lliteres puso buen gusto, medias voces y fraseo solvente a su Cavaradossi; además, en el recinto su voz sonaba poderosa y lo cierto es que pudo ser vocalmente lo más interesante de la velada.
Manuel Mas es uno de esos cantantes estajanovistas que tienen todo mi respeto. Habitual en compañías que circulan los títulos más frecuentados por teatros y auditorios de todo tipo, habrá cantado Scarpia muchas veces. Tiene el personaje y le dota de mucha credibilidad. Quizás alguna debilidad en las partes más dramáticas pero está claro que Mas es garantía de trabajo bien hecho. Quintín Bueno compuso un Spoletta bastante plano –se le podría sacar más partido al personaje- con una voz suficiente mientras que David Cervera enseñó una voz rotunda en su múltiple función de Sciarrone, carcelero y sacristán, con una voz hermosa, de color muy bonito por su gravedad sincera. Ya queda dicho que la labor del pianista solo merece nuestro elogio.
La puesta en escena de Emiliano Suárez -quien abrió la presente temporada de ABAO con Don Pasquale- es funcional aunque acarrea algunos problemas en sí misma, como por ejemplo, la resolución de la última escena, algo precipitada. Tosca exige tres escenarios muy distintos: una iglesia, un palacio y el exterior de una prisión y llevarlo todo al estudio de un pintor antifranquista tiene sus riesgos.
Fotos: © E. Moreno Esquibel | Ópera Garage Producciones